lunes, 25 de enero de 2010

Trágico

Desde la redacción



01/21/2010

Lo que ocurre en Haití tras el sismo es la tragedia en la tragedia misma. Miles de muertos y damnificados llenan las calles de un país que ya de por sí sufría.

Haití es la nación más pobre de nuestro hemisferio. Su historia está plagada de dolor. Esto ha sido en gran parte por la avaricia, la explotación, el autoritarismo y la discriminación, no por un pacto con Satán, como lo dijo el fanático cristiano Pat Robertson.

EFE

Pero Haití es, al igual que otras regiones del mundo, una nación que sufre por el olvido. Necesitábamos de un sismo para acordarnos de ellos así como del huracán Katrina para notar la miseria escondida en el sur de Estados Unidos.

Pareciera que la catástrofe es lo único que nos mueve el espíritu. Y aun así, hay quienes incluso se tapan los ojos ante la desgracia. ¿Cuántos no se hacen de oídos sordos ante un mendigo suplicante, por ejemplo?

Esa es la tragedia detrás de la tragedia.

El catalán Eduard Punset, quien representó al Fondo Monetario Internacional en Haití, lo dijo en una columna para El Mundo de España: que el resto del mundo se dé por enterado de la existencia de Haití podría reorientarle la vida a esta nación.

Por ello es que da gusto ser testigo de los gestos humanitarios que se han visto en todo el planeta y, más aun, ser parte de ello. Esperemos que, en efecto, le cambie el rumbo.

Sin embargo, temo que a la población haitiana le pase lo que a muchas otras que sufren en el mundo: que después del furor que causó su dolor, nuevamente sean sepultados en el "no me acuerdo".


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